En la árida estepa africana del Sahel vivía un león llamado Ari, un robusto ejemplar macho de 4 años que vivía feliz en libertad. Corría un caluroso mes de Junio y Ari llevaba varios días sin comer; el hambre arreciaba. Ir por libre le obligaba a alimentarse por su cuenta, algo no muy común en la especie, ya que son las leonas de las manadas quienes cazan. En cualquier caso, él era joven, rápido y fuerte; podía mantenerse sin ayuda de una comunidad.

Transcurridas dos semanas sin nada en el estómago, la cosa se ponía fea. Un día, a punto de cazar una gacela, resbaló inoportunamente en plena carrera y se le escapó la presa; “cosas que pasan”, se dijo, pero comenzaba a temer por su vida. Cuanto más tiempo pasaba, más débil se encontraba, disminuyendo, de esta forma, sus posibilidades de atrapar una buena pieza.

Finalmente la suerte cambió para Ari. Tras unos arbustos divisó una cebra que parecía distraída. Aproximándose con sigilo llegó a escasos metros del despreocupado animal y se abalanzó con determinación. La víctima murió asfixiada casi en el acto y Ari se dio un auténtico festín. Cuando hubo comido todo lo necesario, y un poco más, se tumbó a descansar exhausto junto a los restos del malogrado animal. Comenzaron entonces a llegar los carroñeros para repartirse el botín sin que Ari se inmutara. Una mono que observaba la escena se acercó y, algo excitado, le grito:

 

  • -¡Eh!. ¡Que se comen todo lo que queda de tu cebra!.

  • El león miró con sorpresa hacia el mono y preguntó contrariado: -¿Mi cebra?. Esa cebra no es mía.-

  • -¿Cómo que no?- Dijo el mono indignado – ¡Si te he visto cazarla con mis propios ojos!. –

  • Ari preguntó al simio: – ¿Piensas que me pertenece por haberla cazado?. Sólo necesitaba alimento. Pero ya comí lo que mi cuerpo requería, y he de reconocer, no sin vergüenza, que un poquito más incluso. Ahora hay más animales comiendo lo que yo ya no necesito -.

  • El mono, casi con desprecio le espetó: – ¿¡Pero como puedes ser tan tonto!?. ¡¿No ves que si guardas todo lo que queda podrás comer también mañana y pasado?! –

  • El León, tranquilo y con algo parecido a la ternura, le respondió: – Claro que podría hacerlo, pero gastaría mucha energía en protegerlo de los demás animales, cuando lo que quiero es descansar. También privaría a esas bestias de comer, y lo necesitan. Mañana, o pasado, podré cazar de nuevo, ya que tengo cuatro patas y una buena dentadura. Quién sabe, quizá alguna de esas hienas sea mi alimento el mes que viene.

  • -¿Y si tienes una mala racha y no cazas nada en semanas? – inquirió el mono.

  • Trabajaré con todas mis fuerzas para que eso no ocurra, está en mi mano que así sea.

  • -¿Y si te rompes una pata y no puedes volver a cazar? – Le preguntó el mono con astucia.

  • En ese caso dejaré que la comunidad de leones me acoja y cacen por mi.

  • -¿Y si no te acogen?- Quiso el mono apretar a Arí. –

  • – Entonces moriré y seré yo la comida de los que ahora rebañan el suelo. – le contestó por última vez Ari mientras se quedaba al fin dormido.

El mono se fue indignado y extrañado.¿Como era posible que el animal más poderoso de la Sabana, ¡el mismísimo León!, fuera tan estúpido de no favorecerse de su superioridad?; no le cabía en la cabeza. ¡Qué desperdicio de poder! se decía contínuamente. Así que se prometió firmemente que, a partir de ese mismo momento, dedicaría su vida entera a evolucionar hasta convertirse en el ser más poderoso de la tierra.

 

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Ferdy Torres

Publicista, compositor y cantante, Ferdy es miembro de varias bandas madrileñas. Escritor frustrado, lector enfermizo y animalista convencido, emprende el reto "Reflexión" con ilusión y, sobre todo, mucho respeto.

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