En estos meses locos de desgobierno y erudición política whatsappera, mientras nos dejamos engatusar por según qué medios de comunicación, asistimos, en mi caso atónito, a diatribas furibundas sobre la urgencia de un gobierno, EL QUE SEA. Personalmente encuentro la encrucijada algo tediosa, es cierto, y muy mala noticia la “neodesafección” política que genera, sí. Justo ahora que habíamos conseguido enganchar a la gente, y en consecuencia a sus designios vitales propios, llegan estos zotes y se dedican a esto, a nada. Pero, en cualquier caso, ¿de verdad da igual quién gobierne?

A cada paso oigo voces que piden un gobierno, EL QUE SEA, porque así no se puede estar. No es raro, pues es la cantinela que truena desde los altavoces del sistema. También se dice que los resultados dejan la cosa cada vez más complicada; pero éstos no son más que el reflejo, verdaderamente representativo, de lo que es España y sus gentes (incluidos los absentistas, los que pasan, los que siempre ganan las elecciones con holgura). Así es que, con los números en la mano, algo habrá que hacer. Pero no cualquier cosa, claro, porque hablamos de nuestras gentes, de nuestro futuro, de nuestro lugar en el mundo, de hacia dónde nos dirigimos…. y las opciones son antagónicas.

Las opciones son tan antagónicas que no podemos dejarlo a LO QUE SEA. Ese es el gran problema. Existe una corriente “buenista” que pide, seguramente con honesta intención, que los partidos se pongan de acuerdo en algunas cosas y cedan todos en algunos puntos. Pero, ¿en qué cosas hay que ceder? ¿en lo que sea?. ¿Dónde han de ponerse de acuerdo? ¿en lo que sea?. No es tan fácil.

Con el bipartidismo sabíamos qué iban a hacer unos y otros, y les alternábamos en el poder según queríamos buena gestión económica o mayores logros sociales. ¡Qué buenos tiempos donde no había que pensar!. Pero esto se acabó. Viene gente nueva y el tablero cambia de ajedrez a, al menos, parchís.

Hasta el 2011, efectivamente daba igual, los dos partidos fácilmente convergían en torno a sus intereses para, con argumentos impostados, diferir con vehemencia en lo demás. Jamás intentaron, ponerse de acuerdo en temas de relevancia como la educación o la sanidad, y hoy padecemos los continuos cambios de sistema por los que se rigen estos dos pilares de la sociedad y del futuro.

Pues bien, una de las opciones es seguir igual, con alguna pequeña mejora en materia de transparencia. La otra puede suponer un giro considerable. Y ahí está el miedo. El miedo a lo desconocido, inherente al ser humano. Hay quien diferirá conmigo en el término “desconocido” puesto que parecen conocer el futuro y las debacles venideras. Es lo que yo llamo el votante conjetural (más un tema de pitonismo que algo verdaderamente relevante, pero, joder, qué guerra dan)

Se dice que España, por su forma de votar, se ha convertido en un país de viejos temerosos, y no es verdad, también hay jóvenes aprensivos imbuidos en el discurso vetusto de quienes ya han vivido mucho. No digo que haya una opción buena y otra mala, digo que hay una continuista y otra de cambio. Entiendo las reticencias de nuestros mayores a cambios drásticos (y la poca gana), pero la de sus hijos en la treintena me cuesta más. Estoy seguro de que aquel hombre de 68 años que vota PP con la nariz tapada porque es la menos mala de las opciones, eligió progresismo en el 82, mientras su padre, por miedo, votaba UCD o Alianza popular. Y ese es el problema, que el relevo generacional no se llevará esta vez a cabo puesto que los jóvenes hablan de pragmatismo y sensatez, características, éstas, propias y lógicas de los sexagenarios, pero no de a quienes les toca mover el mundo hoy.

Casi puedo imaginarme a mi querida Utopía, a la de Eduardo, a la de John, … Sola. Mirando hacia atrás preocupada; triste. Ya no vienen detrás aquellos que antaño caminaban ilusionados persiguiéndola con determinación. Tropezando, cayendo, levantándose. ¡Cómo le gustaba a ella mostrarse!, como la madre que hace que su hijo ande. Ahora no hay nadie, se han quedado atrás haciendo cuentas, resguardados en el conformismo. Aferrados a algo que ni siquiera existe ya; algo que llaman clase media, estado del bienestar, o algo así. Los jóvenes no quieren luchar, sólo tranquilidad y quién les cuide los bebés. Nuestros mayores no fueron así, y por eso estamos donde estamos. Ahora nosotros paramos, y mañana no habrá nada. El pragmatismo, la sensatez o el conformismo no mueven el mundo, lo estancan, lo estrangulan.

Hay opciones, pocas, pero las hay, lo que ocurre es que son arriesgadas para algunos partidos que podrían verse seriamente afectados en comicios venideros. Y ahí es donde me duele. Ahí es donde tienen razón quienes critican falta de altura política. Ahí es donde la miseria corporativa de partido sale a relucir en su máxima expresión; impúdica y altiva. Ruin (o Ruiz).

The following two tabs change content below.

Ferdy Torres

Publicista, compositor y cantante, Ferdy es miembro de varias bandas madrileñas. Escritor frustrado, lector enfermizo y animalista convencido, emprende el reto "Reflexión" con ilusión y, sobre todo, mucho respeto.

Latest posts by Ferdy Torres (see all)

Pin It on Pinterest

Share This