Debates como el del pasado día 13 de junio entre los 4 candidatos a la Presidencia del Gobierno son el símbolo de que estamos navegando el barco con un rumbo equivocado.

Muchos somos los ciudadanos que vivimos en España que andamos muy cansados de políticos que hacen gala de insultos, reproches, y otras malas artes para criticar lo de los demás de manera continua.

El problema es que esto se ha convertido en una práctica frecuente no solo en la política, sino en los medios de comunicación, bares, casas, etc. Es decir, todos nosotros ponemos el foco en lo que nos divide, en lo que nos separa, alegando que las medidas o partidos en los que creemos son los “únicos y verdaderos”.

Señores, ¿no ha llegado la hora de reflexionar?

¿Es este el camino que nos sacará de los problemas? Van pasando las generaciones de políticos y de medios de comunicación y siempre es lo mismo. Los rojos criticando a los azules, los azules a los rojos, los naranjas a los morados y viceversa. ¿este es el camino?

Nosotros en casa hacemos lo mismo. En nuestros hogares y grupos de amigos hay gente de todos los colores, azules, rojos, morados, naranjas… y lo único que hacemos es discutir y decir lo bonito que es nuestro ombligo y lo feo que es el de los demás.

Yo personalmente, llevo unos meses tratando de dejar de actuar así. Tratando de dejar de criticar a los partidos en los que confían muchos de mis familiares y amigos, aunque no coincida con ellos. Y no es fácil, pero merece la pena.

Creo que ha llegado la hora de mirar al otro, de escucharle y de aceptar que aunque muchas de las cosas que piense están muy lejos de lo que yo haría, por respeto, por cordura, porque hagamos leyes donde quepamos todos… debemos aceptarlo e integrarlo y defender que sus ideas acaben, junto a las mias, siendo parte de las reglas de nuestra sociedad.

No estoy hablando de utopías, estoy hablando de formas de actuar que son el día a día en muchos países de Europa y del mundo, donde, haya un partido u otro, hay acuerdos, hay leyes que han sido consensuadas por todos y no necesitan ser derogadas cada 4 años para imponer la nuestra sobre la anterior.

El debate del día 13 de junio entre los 4 candidatos nos lanza un mensaje: “El que gobierne, impondrá sus ideas sin integrar las del otro” Y posiblemente, 4 años después, ganará el otro y derogará las anteriores y vuelta a empezar.

Entonces… ¿cómo podemos hacer para cambiar? A mi, como ciudadano de a pie, solo se me ocurren tres fórmulas:

  1. Cambiando nosotros. Empezando a poner el foco en lo que nos une, dejando de criticar tanto lo que nos divide, igual que haríamos con un amigo con el que no compartimos cosas.
  2. Divulgando este cambio en nuestra forma de actuar. Los grandes cambios llegan cuando ha cambiado la sociedad. Cuándo esta nueva forma de actuar se hace tan popular y tan grande que llega a los medios, a las plazas, a los políticos… que tienen que empezar a escuchar a su semejantes y empezar a tomar nota. Con lo que solo hay un camino y es compartir artículos como este y compartir este nuevo cambio del respeto y del consenso, como el nuevo camino por recorrer.
  3. Cambiando las reglas del juego. Si durante décadas van pasando generaciones y generaciones de políticos que siempre hacen lo mismo, tratar de desmontar al rival para llegar al Gobierno, a lo mejor es que tenemos un sistema que premia los codazos y los insultos por encima de los acuerdos y los pactos. Si construimos una democracia donde se premie a los partidos que llegan a acuerdos, donde, de algún modo, se premia a los partidos que tratan de hacer leyes donde quepamos todos, quizá, en lugar de ver a políticos “sacarse los ojos”, tendríamos un sistema donde los políticos se esmerarían en hacer pactos de Estado y sentarse para redactar leyes dónde todos nos veamos representados. No serán leyes del todo azules, ni del todo rojas o naranjas, pero serán leyes que tratarán de que nadie se quede fuera.

 

Sinceramente, creo que ese es el único camino. Porque que hoy ganen los morados o los azules y cambien todo dejando al resto fuera, solo hará que años después se acabe haciendo lo mismo pero al revés y entre tanto las casas, las plazas, los hogares… se habrán llenado de odios que no conducen a arreglar nada, solo perpetúan una historia plagada de guerras, desacuerdos e ineficiencias.

Ahora, solo tienen que hacer una cosa:

Si piensan como yo, usen 30 segundos de su vida para compartirlo y así, intentar entre todos, que esta forma de pensar, se convierta en una corriente de opinión, que algún día pueble el Parlamento y redacte leyes para todos.

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Gonzalo de la Campa

Estudió Sociología y Realización en Medios Audiovisales. Actualmente trabaja como freelance como diseñador web, gráfico y consultor de marketing online. Ha publicado su primer libro de poesía junto con Joaquín González Castro.

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