Para poder explicar esta sentencia lo primero que debemos entender es cómo y por qué se crea el dinero; voy a intentar explicar este fenómeno del modo más sencillo posible, por lo que omitiré ciertos hechos, para que no nos distraigan del razonamiento principal.
Cuando un gobierno necesita dinero, el organismo al que debe recurrir es al banco central (Reserva Federal, Banco Central Europeo, etc). El gobierno pide dinero pero, a cambio, el banco exigirá una contraprestación en forma de BONOS DEL ESTADO por el mismo valor que el dinero adeudado. Estos Bonos son documentos que los gobiernos crean para simbolizar su deuda por lo que, al final, se trata de unos papeles con apariencia oficial que segmentan la deuda. El Banco Central de turno, por su parte, crea otros papeles también con apariencia oficial que denominan BILLETES. Esto, expresado de manera muy sencilla, es el intercambio que hacen Gobiernos-Bancos Centrales para crear dinero, si bien la realidad es que no hay un intercambio real ya que la mayoría son órdenes realizadas a través de ordenadores; sólo el 3% del dinero creado en este intercambio existirá en forma de billetes reales.
Una vez que el gobierno dispone de este dinero, lo deposita en una cuenta bancaria, creando dinero de curso legal de manera ficticia e inyectándolo en la economía de los países con los préstamos que la entidad financiera haga a sus clientes.

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De este proceso se desprende que todo el dinero que se crea se hace a demanda, según la deuda de los gobiernos: hay que intercambiar deuda por dinero para poder crear éste. Pero claro, aparte de crear dinero de manera ficticia, no podemos olvidar que el dinero no se presta gratis; hay que introducir otro factor: el INTERÉS de los préstamos. El dinero se presta con un interés adicional que también tendrá que ser devuelto. Y, es de aquí, de donde viene el poder del dinero y su creación, cada vez es necesario facturar más dinero. Los Bancos Centrales han prestado el dinero a cambio de Bonos por el mismo valor más unos intereses; dinero que, una vez prestado a los particulares, genera más intereses, dinero que no existe, el Banco Central no lo crea en su intercambio, así que tiene que crear más dinero electrónico para cubrir esos intereses que debemos pagar cada vez que alguien solicita un crédito personal o hipotecario, o bien utiliza su tarjeta del crédito.
Esta creación masiva de dinero conlleva un grave problema: la INFLACIÓN. Cada vez, tu dinero vale menos porque, cada vez, hay más dinero en circulación; este es el mayor impuesto que pagamos en nuestra vida y esta es la causa por la que cíclicamente se produce crisis monetarias e hipotecarias como la que hemos sufrido en los últimos años.
Llegado el momento en el que no es posible hacer frente a tu deuda hipotecaria, la consecuencia es la ejecución hipotecaria, simplificándolo, el banco se queda con tu casa y tú con la deuda restante (aquella que restase de la hipoteca menos el que haya obtenido el banco por la venta de tu casa).
En este contexto podemos explicar una sentencia poco conocida pero, a mi forma de ver, muy relevante ya que pone de manifiesto la gran desigualdad existente entre el poder financiero y el ciudadano: participan del mismo juego pero con reglas totalmente distintas.
En 1969, en la costa de Minnesota, en un proceso entre el First National Bank of Montgomery versus Jerome Daly, un ciudadano que se enfrentaba a la ejecución hipotecaria de su vivienda, se argumentó que el contrato de la hipoteca que se había firmado en su banco debía ser considerado nulo ya que no se daba un elemento obligatorio en cualquier contrato de contraprestación. Alegó que él había aportado su casa como garantía hipotecaria pero, por su parte, el banco no había ofrecido ninguna contraprestación ya que, el dinero prestado, había sido creado de la nada; el banco no poseía previamente el dinero, se había creado en el mismo momento en el que se firmó el contrato. En este proceso fue llamado a declarar el presidente del banco, ante las preguntas del juez, reconoció que los bancos crean el dinero cada vez que se concede un crédito; únicamente se apunta la cantidad prestada como una anotación en la contabilidad del banco, pero no toman ese dinero de sus cajas fuertes. En su veredicto, el jurado determinó que el contrato hipotecario era nulo de pleno derecho, dando la razón a Jerome Daly, ya que faltaba la contraprestación entre las partes para hacer de éste un contrato válido. El Sr Daly pudo conservar su casa. El juez, de una manera muy norteamericana, resumió el veredicto en una sola frase: “Solo Dios puede crear algo valioso de la nada”.
Las consecuencias de este juicio, aunque muy limitadas en la práctica, nos dejan varias reflexiones impactantes:
– Primero, el funcionamiento de los bancos es distinto al de cualquier otro negocio, pueden crear el dinero según las demandas del mismo. Si vas a comprarte un abrigo el dependiente tendrá que comprobar que dispone del modelo y la talla; si vas a “comprar” dinero al banco el dependiente nunca va confirmar si le queda dinero en la caja fuerte, únicamente comprobará tus condiciones financieras y, solicitará al banco central correspondiente, que lo cree “de la nada”.
– Por otra parte, cuando escuchamos que estos bancos prestan dinero a países en bancarrota (por ejemplo bancos alemanes – gobierno de Grecia), ¿creemos que lo que le está prestando son los ahorros de los alemanes, franceses, españoles, etc?, o más bien, ¿nos aprovechamos de una situación de crisis para poder crear más dinero para prestar y cobrar posteriormente un alto interés?

 

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Hector Fernandez

Licenciado en derecho, máster en gestión de carteras; profesional de absolutamente nada de eso. A falta de una asignatura de valores, que cada uno juzgue las actuaciones que en esta sección se examinan

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