El pasado día 8 de Marzo conmemorábamos el día internacional de la mujer. A las 08:00h de la mañana, los gladiadores ya asaltaban el coso binario para vomitar su podredumbre en ridículos post. También compartían la de otras personas con mayor ingenio, o, al menos, con el suficiente para inventar “divertidos” vocablos como feminazi. Bulímicos mentales, ávidos de exponer, sin pudor, sus manifiestas carencias sociales, son capaces de emponzoñar con sus miserias el día de la mujer. Así, te puedes encontrar vídeos de mujeres agrediendo a hombres, datos inventados sobre violencia “feminista”, expresiones de conformidad hacia imágenes de mujeres siendo agredidas en una mezquita, etc. Un crisol de indecencias que te hace sucumbir, verdaderamente, a la desesperanza. Decía Balzac que el necio es aquel que, sin saber o comprender, opta por juzgar y difamar, en vez de callar. Algo parecido nos encontramos hoy día, y en bucle, en estos lares llamados redes sociales. Y cada vez, lo vengo observando, de manera más violenta.

En cualquier caso, hablemos de la mujer trabajadora, aunque sea ésta, solamente una de las muchas luchas que enfrenta el feminismo (no confundir con el antónimo de machismo). Pues eso, que hoy es el día de la mujer trabajadora y yo lo celebro. Sin paroxismos, ni brindis desaforados, lo reconozco, pero apoyándolo abiertamente por su condición de necesario. Sí, necesario. Necesario porque, se pongan como se pongan algunos, no gozamos de una sociedad igualitaria, lo que nos lleva a las evidencias asimétricas del mundo laboral. Brecha salarial, discriminación, tasa de paro femenina, jornada parcial, conciliación laboral, etc, son términos absolutos en un país como España, y hablamos de un país donde, sin duda, se han conseguido hitos impensables hace apenas unos pocos años. Así que sí, habrá que sacar el tema; aunque sólo sea una vez al año, oiga.

Hay quien dice que “este día de la mujer trabajadora no debiera existir puesto que no celebramos un día del hombre trabajador, y eso no es igualdad, es querer poner a la mujer por encima del hombre”. No dignificaré tal argumento replicándolo, simplemente aconsejo introspección a quien así piense. Pero como me doy cuenta de que no será suficiente, les propongo un sencillo juego:

“Imaginen una balanza. En un plato, toda la historia de la humanidad; en el otro, unas cuantas locas saltando intentan nivelar la balanza. Pero aquello no se mueve; ni un poquito.”

Miren ustedes, en ese plato hay que meter todo lo que se nos ocurra para intentar nivelar ambos extremos. Nos miran desde abajo los encolerizados, indignados por nuestros injusto anhelo; pero también los escépticos con su lánguido mirar hacia el lado opuesto de todo cambio. Vamos a decirles que dejen de criminalizar opciones que, no pareciendo de capital importancia, y menos en tiempos convulsos, pueden, perfectamente, sumar. Sumar, qué bonito sería si todos sumáramos, aunque fuera un poquito, en vez de querer siempre afear las buenas intenciones.

Muchas mujeres salen a celebrar orgullosas su día; otras, vuelven a ejercer la prostitución debido a la crisis, como reza un titular en 20 minutos tres días después. La noticia desarrollada, que, pretendía, me rebajara las lúgubres expectativas, corrobora la crudeza del titular, y se te cae el alma a los pies. “Bueno, mira, ¿no querían trabajar?”, escucho a un parroquiano absurdo al que no puedo mirar a la cara, en el bar donde desayuno cada día. Y tampoco puedo evitar preguntarme, ¿Cuánto imbécil habrá hecho este chiste hoy?

Señoras y señores todos, hay mucho que hacer todavía, no se me duerman en esta anestesiada auto complacencia social “sigloventiunera”. Como en toda lucha social, el camino es largo y cuesta arriba; si dejamos de pisar el acelerador, el coche parará y, deshaciendo el camino que tanto costó ganar, caerá, de nuevo, a oscuros abismos pretéritos,

Recordemos pues, estos días 8 de Marzo, a las trabajadoras de la Triangle Shirtwaist de Nueva York, que murieron hace más de 100 años, y por quienes esta fecha ha de ser especial en conmemoración. A ellas y a todos los que lucharon para proporcionarnos el actual estado de las cosas y la posibilidad de seguir la lucha; para que no queden en el olvido; ni ellos, ni su quebranto.

 

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Ferdy Torres

Publicista, compositor y cantante, Ferdy es miembro de varias bandas madrileñas. Escritor frustrado, lector enfermizo y animalista convencido, emprende el reto "Reflexión" con ilusión y, sobre todo, mucho respeto.

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